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El rayo de luz de San Juan de Ortega

Hay dos días al año en los que se puede admirar en San Juan de Ortega un espectáculo inédito: los días de equinocio de primavera y otoño. En esos días se da un fenómeno insólito: a la hora de la puesta del sol, un rayo de sol penetra por la ventana y recorre justamente las imágenes del capitel románico que representa la Anunciación.

Lo curiosos es que, en este capitel, la Virgen y el ángel no se miran mutuamente, sino que ambos dirigen su mirada hacia la luz. Parece que las figuras estén eseperando ese rayo de luz. Contemplar este momento es realmente emocionante.

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El gallo y la gallina de Santo Domingo

Hacia el siglo XV, un matrimonio alemán del arzobispado de Colonia vino en peregrinación a Compostela, acompañado de su hijo adolescente.
Ante la fama de los milagros del glorioso sepulcro, se detuvieron y visitaron la iglesia de Santo Domingo, orando muy devotamente ante él.

Hallaron una posada, donde estuvieron dos días; la hija del patrón, ciegamente enamorada del joven peregrino, le descubrió sus amores, que rechazó. Ella cambió el amor en venganza y tomando una taza de plata, la introdujo en la valija del peregrino secretamente, mientras dormía.
La justicia encuentra la copa y el joven es condenado a la horca.

Los padres llegan hasta Compostela y rezan por su hijo ante Santiago. A su vuelta, lo encuentran aún colgado pero vivo por la intercesión del Apóstol. Cuando van a contar el milagro al juez, que estaba comiendo en una mesa en la que había un gallo y una gallina asada, contestó: 'Tu hijo está vivo lo mismo que estas aves que aquí ves en el plato', momento en que los pájaros saltaron del plato y cantaron.

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Milagro del Cebreiro

Hacia el año 1300, un día de tempestad de nieve, un vecino de un pueblo cercano subió a misa a lo alto del Cebrero. El hombre forcejó contra viento y nieve hasta llegar malamente a la iglesia, donde un sacerdote celebraba misa para sí, bien descuidado de que nadie vendría aquel día.

Había ya consagrado la hostia y el cáliz cuando el hombre llegó, y espantándose el sacerdote le espetó: "¡Cuál viene este otro con una tan grande tempestad tan fatigado a ver un poco de pan y de vino!". En aquel momento, la hostia se convirtió en carne y el vino en sangre, demostrando que aún en esas condiciones se cumple el milagro de la Eucaristía. Aún hoy se conservan expuestos en la Iglesia el cáliz del milagro y la hostia convertida en carne.

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Más información

En la oficina de Peregrinaciones de la Catedral de Santiago encontrará amplia bibliografía sobre el Camino de Santiago.
Si está interesado infórmese llamando al siguiente teléfono; 981 56 60 30 ó diríjase a la siguiente dirección: Rúa del Villar 1-1º 15705 Santiago.


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